El histórico líder de Los Redonditos de Ricota falleció a los 77 años. Su música trascendió generaciones y se convirtió en un fenómeno social que excedió al rock.
La cultura argentina despide a una de sus figuras más influyentes. Carlos Alberto “Indio” Solari murió este viernes a los 77 años, dejando detrás una obra que atravesó décadas, generaciones y fronteras musicales. Padecía Parkinson desde hacía varios años y permanecía alejado de los escenarios desde 2017.
Nacido en Paraná y criado en La Plata, Solari construyó junto a Eduardo “Skay” Beilinson una de las experiencias artísticas más singulares de la historia argentina: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Lo que comenzó como una propuesta marginal terminó convirtiéndose en un fenómeno popular capaz de movilizar multitudes en cada rincón del país.
Su figura siempre estuvo rodeada de misterio. Evitó la exposición mediática, concedió pocas entrevistas y construyó una relación directa con su público, que encontró en sus letras una forma de interpretar la realidad, la política, los vínculos y las contradicciones de la Argentina contemporánea.
Discos como “Oktubre”, “Un baión para el ojo idiota” y “Luzbelito” forman parte del patrimonio cultural de varias generaciones. Más tarde, ya como solista junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, volvió a convocar a cientos de miles de personas y consolidó un fenómeno artístico difícil de comparar con cualquier otro en la música nacional.
La muerte del Indio no representa solamente la partida de un músico. También marca el final de una etapa de la cultura popular argentina, una que encontró en sus canciones una forma de identidad, pertenencia y resistencia frente a los cambios de época.







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