El modelo económico volvió a quedar bajo análisis.
Por su impacto desigual sobre los distintos sectores productivos. Mientras actividades vinculadas a la energía, la minería, el agro y las finanzas muestran mejores indicadores, la industria, el comercio, la construcción y el empleo formal siguen enfrentando un escenario complejo.
El economista Ricardo Delgado advirtió que la Argentina atraviesa una economía “dual”, con ganadores y perdedores claramente diferenciados. Según su diagnóstico, el actual esquema macroeconómico favorece a sectores con ventajas específicas, pero deja bajo presión a ramas centrales para la generación de trabajo y el movimiento del mercado interno.
El problema no es solo estadístico. La industria, el comercio y la construcción tienen un peso decisivo en la vida cotidiana: sostienen empleo, dinamizan pymes, activan economías regionales y empujan el consumo. Cuando esos sectores se frenan, el impacto se traslada rápidamente a los salarios, a los barrios, a los negocios de cercanía y a la capacidad de las familias para llegar a fin de mes.
Delgado también puso el foco en el tipo de cambio y en la pérdida de competitividad de actividades que necesitan condiciones más equilibradas para producir, vender y sostener puestos de trabajo. En ese marco, señaló la necesidad de un “reseteo moderado” de la política económica para evitar que el crecimiento quede concentrado en pocos rubros y no derrame sobre el conjunto de la sociedad.
El debate vuelve a poner sobre la mesa una pregunta estructural: qué tipo de crecimiento necesita la Argentina. Un país con desarrollo nacional no puede depender únicamente de sectores extractivos o financieros. Requiere industria, comercio, construcción, salarios con poder de compra y un Estado capaz de orientar políticas públicas que integren a las mayorías.





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