El Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora reveló que 6 de cada 10 argentinos debieron endeudarse en los últimos seis meses, y que el 76% de esos créditos se destinó a alimentos, salud, tarifas y servicios. Casi la mitad de la población no llega al día 15 del mes. La crisis castiga con mayor dureza a la clase baja y a los jóvenes.
Hay una forma muy simple de medir si un modelo económico le está funcionando a la gente: contar hasta qué día del mes le alcanza la plata. La respuesta que arroja la última medición es un diagnóstico sin matices sobre el estado del bolsillo argentino. Según el Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora, correspondiente a agosto de 2026, cerca de la mitad de los argentinos (44,4%) no llega al día 15 del mes con sus ingresos, y uno de cada cuatro (25,1%) se queda directamente sin recursos al llegar al día 10.
El deterioro no se detiene ahí: a nivel nacional, el 65% de la población agota sus ingresos antes del día 20, y un 12,2% ni siquiera llega al día 5. Contar los días que faltan para el próximo cobro se volvió, para la mayoría de los hogares argentinos, un ejercicio cotidiano de supervivencia.
Para comer, no para el auto nuevo
El correlato directo de esa asfixia de ingresos es el endeudamiento. El estudio confirma que 6 de cada 10 argentinos (60,2%) debieron tomar algún crédito o deuda en los últimos seis meses. Pero el dato más revelador no es cuántos se endeudan, sino para qué: el 76% de quienes recurrieron al crédito lo hicieron para pagar alimentos, salud, tarifas y servicios. No se trata de la deuda de quien compra un electrodoméstico o se va de vacaciones: es la deuda de quien no llega a cubrir lo más básico con su propio ingreso.
Dentro de ese universo, tarifas y servicios explican por sí solos el 20,4% del uso del crédito, un dato que confirma que ni siquiera pagar la luz o el gas queda a salvo del financiamiento. En la clase baja, la suma de alimentos y servicios básicos supera el 85% de las razones para endeudarse. En la clase alta, en cambio, el crédito se vincula mayormente a la compra de bienes durables, un contraste que expone con total claridad quién sostiene el ajuste con su propio cuerpo y quién lo atraviesa como una simple decisión de consumo.
La brecha social, en números
El estudio dimensiona con precisión la desigualdad del ajuste. En la clase baja, el 87,6% de las personas agota sus ingresos antes del día 20; en la clase alta, esa proporción cae a apenas el 7,3%. La brecha generacional también es contundente: el 83,3% de los jóvenes de entre 18 y 39 años no supera el día 20 con su ingreso, contra el 60,3% de los mayores de 60 años.
Los números pintan un cuadro nítido: la crisis de ingresos no golpea parejo. Recae con toda su fuerza sobre quienes menos tienen y sobre las generaciones más jóvenes, justo aquellas que deberían estar construyendo su futuro y terminan, en cambio, endeudándose mes a mes para sostener lo elemental.
Un fenómeno que ya no es novedad, sino tendencia
Esta medición no aparece aislada: confirma y profundiza una tendencia que distintos estudios y organismos vienen marcando durante el último año, con la morosidad familiar en niveles que no se veían desde hace dos décadas y un crecimiento sostenido del endeudamiento popular para gasto corriente. Lo que antes era una señal de alarma puntual se consolida, medición tras medición, como el rasgo estructural de la economía bajo el ajuste: salarios que no alcanzan, un mes que se acorta cada vez más rápido, y una tarjeta o un préstamo que aparecen no como una herramienta de progreso, sino como el último recurso para no pasar hambre.
La ficha técnica
El relevamiento fue realizado por Zentrix Consultora entre el 25 y el 31 de agosto de 2026, sobre una muestra de 1.466 casos válidos con cobertura nacional, mediante cuestionarios autoadministrados en línea y un diseño muestral ponderado por región, edad, sexo y voto declarado. El margen de error teórico es de ±2,1%, con un nivel de confianza del 95%.
Los números son fríos, pero lo que describen no lo es: familias enteras que llegan al día 10 sin nada en el bolsillo, y que para sostener lo más elemental —comer, curarse, pagar la luz— no tienen otra salida que pedir prestado. El ajuste, otra vez, se mide en la fecha en que se corta la plata del mes.







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