El sector cercano a Oscar Parrilli se consolidó al frente del Partido Justicialista, aprobó todo por unanimidad y llamó a militar candidatos propios en cada localidad para enfrentar el ajuste. El intendente José Asaad, que viene de perder la interna, ni se presentó.
El peronismo neuquino movió el tablero. Este fin de semana, el Partido Justicialista reunió su congreso en Cutral Co para ordenar la casa, designar autoridades pendientes y empezar a diagramar el 2027, en una jornada que dejó dos postales elocuentes: un espacio que se reagrupa con vocación de poder y una silla vacía que gritó más fuerte que cualquier discurso. La del intendente de Vista Alegre y presidente del consejo provincial, José «El Turco» Asaad, que decidió no asistir.
La conducción quedó, otra vez, en manos de Peronismo para la Victoria, el sector más identificado con el kirchnerismo y con la figura del exsenador Oscar Parrilli. Con 49 congresales en el recinto, la sesión aprobó por unanimidad todo el orden del día: la firma del acta, la adecuación de la paridad de género en el Tribunal de Disciplina y —el punto más estratégico— la designación de las autoridades habilitadas para aceptar nuevas afiliaciones, una llave nada menor de cara al armado que viene.
«Candidatos propios en cada localidad»
El presidente del congreso, Luis Sagaseta, marcó la cancha. Llamó a construir un «peronismo unido» y reclamó que el partido lleve «candidatos propios en cada una de las localidades de Neuquén» en 2027. «Estoy convencido de que esta es la manera: seguir viéndonos cara a cara, escuchándonos y debatiendo ideas para construir un peronismo fuerte», planteó.
El diagnóstico político fue directo al hueso del momento nacional. Sagaseta sostuvo que el espacio debe estar comprometido con los problemas que atraviesan la provincia y el país producto de las «políticas de ajuste del Gobierno nacional», y dejó una definición que funciona como hoja de ruta: «El peronismo tiene la responsabilidad de organizarse y construir una alternativa para nuestra gente».
La interna que sigue picando
Puertas adentro, nadie hace como si no pasara nada. El propio comunicado posterior admitió que las diferencias «continúan existiendo», aunque reivindicó que el congreso dio una «señal concreta de unidad» al votar todo por unanimidad. La foto de consenso, sin embargo, convive con una fractura que viene de arrastre.
El antecedente está fresco: en junio, el mismo congreso había elegido autoridades y Peronismo para la Victoria se impuso sobre el oficialismo de Peronismo Territorial, el riñón de Asaad. El intendente no encajó bien la derrota. Apuntó contra su propia compañera de fórmula, Anahí Valdez, a la que acusó de haber «traicionado» a su espacio y de haber facilitado el triunfo del sector más cercano al kirchnerismo y a Parrilli. Con ese pergamino, su ausencia de este fin de semana no fue un dato de agenda: fue un mensaje.
El saldo es claro. Mientras un sector del PJ elige aislarse, el peronismo militante se planta al frente de la conducción, aceita la maquinaria partidaria y empieza a ordenar sus fichas para pelear en las urnas. En tiempos de motosierra, la definición de Cutral Co fue tan simple como potente: organizarse para ofrecerle a Neuquén una alternativa al modelo de Milei.










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