Julián Bussetti, jefe de la bancada macrista en Mar del Plata, dedicó su tiempo a pasarle pintura blanca a la imagen de la expresidenta y a presumirlo en un video. No es su primera provocación: ya se había puesto una remera con el fallo contra Cristina y burlado de su tobillera. El odio, otra vez, como única agenda.
Hay funcionarios que buscan que los recuerden por lo que construyen. Y hay otros que eligen que los recuerden por lo que borran. El concejal del PRO Julián Bussetti, titular de la bancada macrista en el Concejo Deliberante de Mar del Plata, se anotó de lleno en la segunda categoría: agarró un balde de pintura blanca, tapó un mural de Cristina Fernández de Kirchner en una pared de la ciudad y, por si quedaba alguna duda sobre sus prioridades, se filmó haciéndolo. «Miren qué linda quedó», se jactó frente a la cámara, orgulloso de su hazaña.
El video, que él mismo se encargó de viralizar, tiene un detalle que lo vuelve casi una parodia de sí mismo: el edil ni siquiera se tomó el trabajo de llevar una escalera, y dejó la pared manchada y mal pintada. La metáfora es perfecta. Un dirigente que no sabe —o no quiere— construir nada, apenas alcanza a embadurnar a las apuradas lo que otros hicieron. Borrar es lo único que le sale, y le sale mal.
Un provocador serial
Lo de la pared no es un exabrupto aislado, sino la última pieza de una colección. Bussetti, que asumió en 2023 y responde al intendente Guillermo Montenegro, hizo de la provocación anti-kirchnerista una marca personal. En junio de 2025 se presentó a sesionar con una remera estampada con el fallo de la Corte contra la expresidenta y, en pleno recinto, exhibió una taza que se burlaba de su prisión y de su tobillera electrónica. Aquella vez desafió: «Me los banqué 12 años, ustedes bánquense la democracia».
Antes había mostrado en una sesión una foto de Cristina junto a Hugo Chávez para provocar al bloque opositor —un gesto que hasta su propio jefe de bancada de entonces salió a repudiar— y había sido declarado persona no grata en Mar Chiquita por colocarle un cartel de «monumento a la corrupción» a un busto de Néstor Kirchner. Un currículum construido íntegramente a fuerza de agravios, sin una sola obra, idea o política que mostrar.
Pintura blanca sobre los problemas reales
El episodio sería apenas anecdótico si no revelara una forma de entender la política. Mientras Mar del Plata carga con desempleo, crisis pesquera y los efectos de un ajuste nacional que golpea a sus vecinos, un concejal invierte su tiempo, su energía y su rodillo en tapar una cara pintada en una pared. Esa es su «batalla cultural»: no una idea, no una propuesta, apenas un balde de látex y una cámara para el aplauso de la tribuna del odio.
Lo que Bussetti no parece entender es que la pintura blanca no alcanza. Un mural se vuelve a pintar en una tarde. Lo que Cristina representa para millones de argentinos —con acuerdos y desacuerdos— no se borra con un rodillo ni con una remera ni con una taza. La memoria y la identidad popular no se tapan: se agrandan cada vez que alguien, desde un cargo público, cree que gobernar es odiar.
Al final, el video que grabó para humillar a otros terminó siendo un autorretrato. Muestra, mejor que cualquier denuncia, a un dirigente que confunde una pared manchada con una gestión. «Miren qué linda quedó», dijo. Lo único que quedó a la vista fue él.








Deja una respuesta