Mientras el Gobierno sostiene la desinflación como principal bandera económica, salarios negociados cerca del 2% mensual, jubilaciones mínimas rezagadas y recortes en partidas sociales limitan la recuperación del consumo. Los trabajadores, además, perdieron participación en el reparto del ingreso.
La inflación desaceleró, pero para millones de argentinos el alivio todavía no aparece con la misma intensidad en el bolsillo.
Un informe de la consultora C-P, citado por El Destape, sostiene que la combinación de paritarias con aumentos contenidos, gasto previsional ajustado y menores transferencias sociales funciona como una de las anclas del programa económico de Javier Milei y termina limitando la recuperación del consumo.
La interpretación pertenece a la consultora y no constituye una admisión oficial del Gobierno. Sin embargo, varios indicadores públicos muestran que el problema de ingresos y actividad continúa.
Los trabajadores reciben una porción menor
El dato oficial del INDEC es contundente.
Durante el segundo trimestre de 2026, la remuneración al trabajo asalariado representó 42,9% del valor agregado bruto, frente al 45,4% registrado un año antes. Si se excluye al sector público, la participación cae al 35,3%.
El mercado laboral tampoco muestra una recuperación sólida. En julio había 6,08 millones de asalariados privados registrados, con una caída mensual del 0,2%, mientras el total del trabajo registrado bajó 1,1%.
El informe utilizado por El Destape calcula que desde noviembre de 2023 se perdieron más de 370.000 empleos asalariados registrados y que solamente durante 2026 desaparecieron alrededor de 66.000 puestos privados formales.
Paritarias que corren pegadas a la inflación
El último IPC disponible marcó 1,9% en septiembre.
Pero varios de los grandes acuerdos salariales para los próximos meses se mueven prácticamente en esa misma zona: Comercio acordó incrementos del 1,9%, Construcción pautas descendentes de 1,9% a 1,7% y Camioneros porcentajes de entre 1,8% y 1,7%, complementados en algunos casos con sumas fijas.
Eso significa que, aun si la inflación continúa desacelerándose, el margen para recuperar rápidamente el poder adquisitivo perdido es limitado.
Es cierto que el índice general de salarios del INDEC aumentó 2,7% en agosto, por encima de la inflación de ese mes, por lo que no todos los indicadores muestran caída salarial mensual. El problema está en el nivel acumulado y en la velocidad necesaria para recuperar lo perdido anteriormente.
Jubilaciones: el bono congelado pasa factura
El otro frente es previsional.
Según C-P, la jubilación mínima permanece 9,9% por debajo en términos reales de noviembre de 2023, principalmente por el congelamiento del bono que complementa el haber mínimo.
La consultora calcula además que el gasto previsional y social cayó 9,1% real frente a 2025 y 26% respecto del mismo período de 2023.
Dentro de las partidas sociales, señala retrocesos reales en programas sociales, asignaciones familiares y PAMI. La AUH constituye una excepción y crece 2,8% interanual real, mientras la Prestación Alimentar pierde poder de compra por mantenerse congelada nominalmente.
El consumo siente el golpe
Ahí aparece el efecto sobre la economía real.
Las ventas de supermercados a precios constantes cayeron 3,7% interanual en agosto, según el INDEC. Y la actividad económica se ubicó 1,7% por debajo de agosto de 2025, aunque mostró un pequeño rebote mensual del 0,1%.
El Gobierno puede exhibir una inflación mensual de 1,9%, superávit fiscal y un frente externo más ordenado.
Pero el desafío que empieza a pesar rumbo a 2027 es otro:
que la estabilización deje de ser solamente un número macroeconómico y empiece a sentirse en salarios, jubilaciones, empleo y consumo.
Porque si los precios frenan pero el bolsillo no recupera terreno, la desinflación por sí sola difícilmente alcance para poner nuevamente en marcha la economía cotidiana.
















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