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Caputo dijo en julio que tenía la plata para pagar las deudas del país — una economista acaba de calcular que le faltan 23.000 millones de dólares

Marina Dal Poggeto presentó en el IAE Business School el número que el gobierno no quiere mostrar: el plan financiero de Luis Caputo tiene un agujero de 23.300 millones de dólares. El mismo Caputo que en junio cerró los mercados prometiendo que «sin necesidad de pedir prestado» ya tenía todo cubierto, ahora suspendió la venta de bonos y salió a mostrar una «bazuca» de 75.000 millones como señal de fuerza. El riesgo país en 636 puntos dice lo que el gobierno no dice.

Imaginemos que alguien dice en julio: «Ya tengo todo organizado para pagar mis deudas del año que viene, no voy a necesitar pedir plata prestada a nadie». Pero en octubre, una contadora independiente revisa los números y descubre que le faltan 23.000 dólares para cerrar la cuenta. Y que encima, una de las fuentes de plata con las que contaba ya no está disponible.

Eso, en términos simples, es lo que acaba de pasar con el plan financiero del ministro de Economía Luis Caputo.

Qué dijo Caputo en junio

En julio de 2026, el ministro de Economía presentó el programa financiero 2026-2027 ante inversores y periodistas. El mensaje fue claro: el gobierno ya tenía calculado cómo iba a pagar todas las deudas que vencen hasta el final del mandato de Milei. El plan combinaba préstamos de bancos internacionales, ingresos por privatizaciones, un crédito bilateral y la capacidad de vender bonos en el mercado local — es decir, conseguir que argentinos e inversores nacionales le compraran papeles del Estado. Caputo cerró la presentación con optimismo: no hacía falta salir a pedir plata afuera.

Qué encontró Dal Poggeto

Marina Dal Poggeto es una economista que dirige la consultora EcoGo. No es kirchnerista. No es adversaria del gobierno. Es alguien que analiza números y los dice como son. Esta semana presentó su análisis en el IAE Business School — una de las escuelas de negocios más reconocidas del país — y llegó a una conclusión incómoda.

Al programa financiero de Caputo para 2027 le faltan USD 23.300 millones.

¿Por qué ese número? Porque algunas cosas que el gobierno contaba usar para juntar plata ya no están funcionando como esperaban.

La principal: el gobierno planeaba vender bonos del Estado en el mercado local — básicamente, conseguir que inversores argentinos le prestaran dólares comprando papeles del Tesoro. Pero el riesgo país subió, las tasas que los inversores exigen para prestarle plata al Estado se encarecieron, y comprarle al gobierno argentino se volvió demasiado caro o demasiado riesgoso para muchos inversores. La propia Economía les comunicó a los inversores que suspendió temporalmente esas colocaciones. Una herramienta del plan original desapareció.

Además, el gobierno había estimado que el año arrancaba con 3.700 millones de dólares de «colchón» en caja. Ese colchón tampoco estaría disponible al inicio de 2027.

Y las diferencias entre lo que el gobierno prometió que iba a conseguir de organismos internacionales y lo que finalmente aparece en el Presupuesto también generaron una brecha que se suma al total del agujero.

La «bazuca» y lo que esconde

La respuesta del gobierno no fue reconocer el problema. Fue mostrar un número enorme como señal de fuerza. Milei y Caputo salieron a hablar de una «bazuca» de 75.000 millones de dólares: la línea de crédito acordada con Estados Unidos por 20.000 millones, el swap con China por otros 20.000 millones, y otros instrumentos financieros que sumarían el resto.

El problema con esa respuesta es que produce un efecto que el gobierno no esperaba. Al ponerle un número al supuesto poder de fuego, Milei y Caputo también le pusieron un número al tamaño de la dolarización contra la que creen necesario estar preparados. Mostrar el tamaño del escudo permitió entrever el tamaño del ataque que imaginan.

En otras palabras: si el gobierno siente que necesita prepararse para un ataque de 75.000 millones de dólares, está admitiendo que considera posible una crisis cambiaria de ese tamaño. No es una señal de fortaleza. Es una admisión de vulnerabilidad.

Además, hay algo más que el vocabulario de la «bazuca» no nombra: todos esos «escudos» son préstamos. Son deuda encima de la deuda. Si el gobierno necesita usar esa línea de crédito con Estados Unidos, ese dinero hay que devolverlo con intereses. Y los intereses de las deudas que contrae Caputo, como ya ocurrió con el préstamo del FMI que tomó durante el gobierno de Macri, terminan siendo una carga que pesa durante años sobre el presupuesto del Estado — y por lo tanto, sobre los servicios públicos, los salarios, las jubilaciones y la infraestructura que la gente necesita.

El riesgo país como termómetro

El riesgo país es un número que mide cuánto desconfían los inversores del Estado argentino. Cuanto más alto, más cara se vuelve cada nueva deuda que el gobierno quiere contraer. Cuanto más alto, más cerca está la posibilidad de que Argentina no consiga refinanciar sus vencimientos a tasas razonables.

Esa medición cerró septiembre por encima de los 600 puntos. En los primeros días de octubre llegó a 636 puntos. No es una señal de confianza. Es el mercado diciendo, en su propio idioma, que los cálculos de Caputo generan más dudas que certezas.

La película que ya vimos

Luis Caputo ya fue ministro de Economía antes. Durante el gobierno de Mauricio Macri manejó la deuda argentina, tomó el crédito más grande que el FMI había dado a un país en su historia y prometió que el modelo funcionaba. En 2018 todo eso se derrumbó. La crisis cambiaria fue monumental. El peso se devaluó a la mitad en meses. La pobreza trepó. Y los argentinos pagamos esa factura durante años.

Hoy Caputo vuelve a prometer que los números cierran. Una economista independiente encontró un agujero de 23.000 millones de dólares. El riesgo país está en 636. Y el gobierno responde mostrando una bazuca.

La pregunta que el peronismo lleva meses haciendo en el Congreso y en las calles es siempre la misma: ¿quién va a pagar este ajuste cuando los números no cierren?

La historia argentina ya tiene la respuesta. Y no es el ministro.

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