Laura Pérez Lavip, concejal de la ciudad de Neuquén por Comunidad, dijo en una entrevista que el perfil del gobierno de Milei «tiene el perfil de un golpe cívico». Y lo explicó sin tecnicismos: no es un golpe con tanques, es un gobierno que usa el poder legal para negarle derechos a la gente. La frase del Ministerio de la Mujer resume todo.
Laura Pérez Lavip no integra un bloque opositor. Es concejal de la ciudad de Neuquén por Comunidad, el partido que lidera el gobernador Rolando Figueroa. No es kirchnerista. No es parte de Unión por la Patria. Es parte del oficialismo provincial que durante dos años mantuvo una relación de cooperación y convivencia con el gobierno de Javier Milei.
Y en una entrevista reciente, dijo algo que pocos en ese espacio político se animan a decir con esas palabras.
«El perfil de este gobierno, y no es para que se rasguen las vestiduras, tiene el perfil de un golpe cívico.»
Qué es un golpe cívico y por qué importa
Cuando se habla de golpe de Estado, la mayoría piensa en militares, en tanques en la Plaza de Mayo, en un presidente siendo depuesto por la fuerza. Eso pasó en Argentina en 1976. Y antes.
Pero Pérez Lavip no está hablando de eso. Está hablando de algo diferente. Algo que no necesita militares. Que usa las instituciones democráticas como herramienta para vaciarlas desde adentro.
Su definición es precisa: «negación de derechos en clave de ejecución de políticas.»
En palabras más simples: un gobierno que ganó elecciones de manera legítima usa ese poder legal para ir eliminando derechos que costaron décadas construir. No lo hace con violencia. Lo hace con decretos, con recortes presupuestarios, con reformas legales, con la eliminación de organismos estatales.
No es un golpe con tanques. Es un golpe con lapiceras.
La concejal lo dijo sin querer generar escándalo — «no es para que se rasguen las vestiduras» — sino como una descripción técnica de un fenómeno político que los especialistas en ciencias políticas llevan años analizando en América Latina bajo distintos nombres: erosión democrática, retroceso autoritario, vaciamiento institucional.
El respeto por la democracia y la crítica al poder
Lo que hace interesante la posición de Pérez Lavip es que no niega el resultado electoral. Todo lo contrario. Empieza reconociendo que Milei ganó legítimamente y que la gente que lo votó no es tonta.
«Soy muy respetuosa de la verdad que cada ideología profesa. Porque si no estamos diciendo que la gente es tonta, y la gente no es tonta. La gente es muy inteligente y sabe lo que quiere.»
Y agrega: «La gente dijo que este señor es el presidente y yo soy respetuosa de eso.»
Ese es el punto de partida. La legitimidad de Milei como presidente no está en discusión. Lo que está en discusión es lo que hace con ese mandato. Y ahí es donde Pérez Lavip marca la diferencia: una cosa es ganar elecciones, otra cosa es usar ese poder para negar derechos que la sociedad tardó décadas en conquistar.
«Que le llevaría 400 constituciones para que las lea, porque para mí este señor está negando derechos.»
La frase del Ministerio de la Mujer
Pérez Lavip tiene una imagen que resume todo el argumento mejor que cualquier análisis académico.
Milei eliminó el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad. Muchos de sus defensores dicen que es solo una cuestión de nombres, que las políticas pueden existir sin ese ministerio específico, que el nombre era ideológico y que ahora se hace lo mismo bajo otra denominación.
La concejal acepta esa posibilidad pero señala el límite: «Si te molesta el nombre del Ministerio de las Mujeres, ponle otro nombre. Lo que no podés hacer es negar que existen mujeres.»
La diferencia entre cambiar un nombre y negar una realidad es exactamente la diferencia que Pérez Lavip traza entre una política pública con la que uno puede estar en desacuerdo y la negación de los derechos que esa política garantizaba.
Podés no compartir cómo se llama la institución. Lo que no podés hacer es actuar como si el problema que esa institución atendía no existiera. No podés eliminar el Ministerio de Mujeres y hacer como si las mujeres no enfrentaran situaciones específicas de desigualdad, violencia y discriminación que requieren políticas públicas.
«Hay muchos logros sociales que han llevado mucho tiempo de proceso, que vos le podés cambiar el nombre, lo que no podés hacer es negarlos», dijo.
El contexto político del que habla
Pérez Lavip hace estas declaraciones en un momento en que todo lo que viene cubriendo Modo Pueblo tiene que ver, de una u otra manera, con la misma pregunta que ella formula.
El juez Cormick declaró «mecanismo extraconstitucional» al decreto con el que Milei frenó la Ley de Financiamiento Universitario. Es decir: el gobierno usó una herramienta legal de manera inconstitucional para no cumplir con una ley que el Congreso aprobó con dos tercios.
Santiago Caputo publicó en Twitter que el 60% de las pensiones por discapacidad «son truchas» sin ninguna fuente verificable, y el gobierno ya cortó beneficios antes de completar ninguna auditoría formal.
La Ley de Tierras fue eliminada por decreto y la Corte Suprema lo avaló, dejando sin protección los territorios de frontera y las fuentes de agua de toda la Patagonia.
Cada uno de esos episodios, por separado, puede parecer una política con la que se puede estar de acuerdo o en desacuerdo. Juntos, son lo que Pérez Lavip llama «negación de derechos en clave de ejecución de políticas.»
No con tanques. Con lapiceras. Con decretos. Con recursos judiciales. Con recortes presupuestarios.
Con el poder que les dio la gente, usándolo para quitarle derechos a esa misma gente.






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