El titular del Banco Central le dijo al Senado que las reservas de oro fueron auditadas «sin observaciones» y que están en Suiza. La Auditoría General de la Nación salió a contradecirlo: la revisión específica sobre la trazabilidad del oro todavía no terminó. Las senadoras Di Tullio y Soria van más allá y sostienen que el metal está en Londres.
Hay una pregunta simple que el Gobierno no logra responder con una sola versión: ¿dónde está el oro de los argentinos? El miércoles, en un plenario de comisiones del Senado que debatía la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, su presidente, Santiago Bausili, fue interpelado sobre el destino de las reservas de oro que la entidad trasladó al exterior. Su respuesta fue categórica: los lingotes, dijo, se depositaron en 2024 en el Bank for International Settlements (BIS), con sede en Suiza, «que es donde siguen estando». Y remató con seguridad: «La información está disponible, está auditada y están los informes de auditoría: 2023, 2024 y 2025… están y no tienen comentarios».
Apenas 24 horas después, esa certeza se resquebrajó.
Lo que dice la AGN, en sus propias palabras
La senadora Juliana Di Tullio, que había sido una de las voces que más presionó a Bausili en el recinto, pidió por escrito a la Auditoría General de la Nación que precisara si los balances 2023, 2024 y 2025 del BCRA estaban efectivamente auditados y si el organismo conocía la trazabilidad del oro enviado al exterior. La respuesta llegó en la Nota N° 840/26-P, firmada por el presidente de la AGN, Juan Manuel Olmos, y su contenido complica la versión oficial.
Según ese documento, la AGN sí aprobó los estados contables generales del BCRA de 2023 y 2024, pero esa aprobación no es lo mismo que la auditoría específica sobre la trazabilidad del oro colocado en el exterior, que el Congreso le había encomendado por separado. Sobre esa revisión puntual, la nota es clara: «La información remitida por el BCRA se encuentra aún en proceso de análisis por la demora —más de un año— incurrida por la autoridad monetaria en dar acceso a la misma». Y agrega: «A pesar del carácter reservado de la información, no ha concluido el análisis pertinente de la documentación remitida por el BCRA». Sobre los balances de 2025, el propio informe indica que ni siquiera fueron tratados todavía por el Colegio de Auditores Generales.
En criollo: la AGN confirma que el Central finalmente entregó la documentación —después de más de un año de demora—, pero que la auditoría específica sobre qué pasó con el oro sigue sin concluir. Ese dato, en los hechos, deja sin sustento la frase de Bausili de que el tema «no tiene comentarios» de los organismos de control.
La denuncia política: «me mintió»
A partir de ese informe, Di Tullio y su compañero de bancada Martín Soria pasaron a la ofensiva con una acusación durísima. «Bausili le mintió al Senado, el oro del Banco Central está en Londres», sostuvo la senadora, y fue más lejos: «Todos saben que el oro de los argentinos está en el Bank of England en Londres pero Bausili le miente a los argentinos y a los senadores y senadoras de la Nación». Soria acompañó con un mensaje propio: «Ayer dijo que el oro que sacaron del país estaba auditado por la AGN. Hoy la AGN lo contradice. (…) El oro es de los argentinos».
Conviene remarcarlo con precisión: que el oro esté en Londres y no en Suiza es, por ahora, una afirmación de los legisladores opositores, no un dato confirmado de manera independiente ni por la AGN ni por este medio. Lo que sí surge del propio informe de la Auditoría es que la trazabilidad de esas reservas —es decir, la certeza documentada sobre su recorrido y ubicación— todavía no está saldada por el organismo de control. Di Tullio exige ahora que Bausili vuelva al Congreso a responder tres preguntas concretas: dónde están físicamente los lingotes, por qué siguen fuera del país y qué uso se les dio desde que salieron de la Argentina.
Una herida que no es nueva
El reclamo por el oro no nació esta semana. Di Tullio viene reclamando explicaciones sobre el paradero de esas reservas desde hace más de dos años, y la propia AGN reconoce en su nota que el Banco Central demoró más de doce meses en darle acceso a la información que le habían pedido. Ese patrón de demora es, en sí mismo, un dato político: no es lo mismo entregar la documentación a tiempo que hacerlo después de años de presión legislativa.
El otro senador presente en el debate, Fernando Salino, apuntó a un costado distinto pero igual de relevante: cuestionó si el Banco Central tiene siquiera las atribuciones legales para tomar una decisión de este tipo sobre las reservas del Estado, y preguntó qué pasaría si la operación terminara implicando un perjuicio para el país.
Por qué esto importa
El oro en las reservas del Banco Central no es un capricho contable: es un respaldo patrimonial del Estado argentino, propiedad de todos los argentinos. Que su ubicación exacta, su trazabilidad y el motivo de su traslado al exterior sigan generando versiones contradictorias entre el propio funcionario a cargo y el organismo de control constitucional no es un detalle técnico. Es, como mínimo, una falta de transparencia sobre un activo estratégico del país, justo en un momento en que el Gobierno le pide sacrificios a toda la sociedad en nombre del «orden» de las cuentas públicas.
Mientras Bausili insiste en que todo está documentado y sin observaciones, el propio organismo que debería confirmarlo dice, con sus propias palabras, que el trabajo todavía no terminó. Esa distancia entre el relato oficial y lo que certifican los controles institucionales es, hoy, el verdadero problema. El oro de los argentinos sigue, en los papeles, en un lugar que nadie termina de confirmar del todo.








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