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De 103 millones de dólares por día a 13: el Banco Central frenó la compra de reservas para sostener el tipo de cambio antes de las elecciones y el mercado subió el riesgo país a 636 puntos

El economista Martín Redrado reveló los números que el Gobierno no publicita: entre julio y septiembre las compras diarias de divisas del BCRA se desplomaron un 87%. El objetivo cambió sin anuncio oficial: ya no se trata de acumular reservas sino de usar el tipo de cambio como ancla inflacionaria pre-electoral. El mercado lo leyó. Y la pregunta que disparó el riesgo país es siempre la misma: ¿con qué dólares se paga en 2027?

Los números los dio Martín Redrado, economista y ex presidente del Banco Central durante la gestión kirchnerista, en una entrevista reciente. No son datos de la oposición ni de un organismo crítico del gobierno. Son datos de alguien que conoce la cocina del Banco Central desde adentro y que tiene incentivos para que el modelo funcione.

«En julio el Banco Central compraba 103 millones de dólares por día. En agosto, 35. En septiembre, que acaba de terminar, 13 millones.» Un promedio diario. Una caída del 87% en tres meses.

Esa secuencia no es un accidente técnico ni una consecuencia del mercado. Es una decisión política.

El cambio de objetivo que nadie anunció

El Banco Central de la República Argentina tiene, en teoría, un objetivo en el marco del acuerdo con el FMI: acumular reservas netas para sostener la solidez del esquema cambiario y financiero. Esa meta se cumplió en los meses previos con relativa comodidad. Los dólares del agro, las exportaciones energéticas de Vaca Muerta y el blanqueo de capitales aportaron divisas que el BCRA fue acumulando a buen ritmo.

Pero en algún momento del tercer trimestre de 2026, con las elecciones legislativas de octubre en el horizonte, la lógica cambió. El objetivo ya no es acumular. El objetivo es sostener el tipo de cambio. Y para eso, el Banco Central dejó de comprar tanto como podría y empezó a usar otros instrumentos: los bonos dollar-linked, también llamados de cobertura cambiaria, cuya venta diaria desde la mesa de operaciones del BCRA contribuye a mantener el dólar donde el gobierno quiere que esté.

«Está claro que cambió el objetivo: de la acumulación de reservas a mantener el tipo de cambio», explicó Redrado. Y agregó la evaluación que más incomoda al equipo económico: «Yo diría que lo están sobreutilizando como ancla inflacionaria.»

El tipo de cambio planchado baja la inflación. O al menos la modera. Un dólar que no sube contiene los precios de los bienes transables, frena la inercia de las remarcaciones y le permite al gobierno mostrar una foto más ordenada antes de que los ciudadanos vayan a votar.

El problema es que esa estabilidad tiene un costo que no se muestra en la foto.

Por qué sube el riesgo país

El riesgo país argentino cerró septiembre por encima de los 600 puntos y en los primeros días de octubre llegó a 636. En agosto había tocado mínimos cercanos a los 490 puntos. A mediados de año, cuando las reservas brutas superaban los 50.000 millones de dólares y el BCRA compraba con fuerza, el mercado apostaba a que el riesgo país seguiría bajando hacia los 400 puntos. Ese camino se frenó. iprofesional

La explicación de Redrado es precisa: «Lo que fundamentalmente influyó en el riesgo país es la pregunta de si Argentina tiene los dólares suficientes el año que viene para cumplir con el programa financiero y para cumplir también con la posible dolarización.»

Dicho de otra manera: el mercado ve que el gobierno eligió usar el tipo de cambio para llegar bien a las elecciones en lugar de seguir acumulando las reservas que necesitará para pagar sus compromisos en 2027. Y esa lectura se traduce directamente en el precio al que los inversores internacionales están dispuestos a prestarle dinero a la Argentina.

Redrado también advirtió sobre la «reticencia» histórica del FMI a permitir que se utilicen dólares de las reservas para intervenir en el mercado cambiario cuando el tipo de cambio toca los techos de las bandas, lo que deja a la Argentina en una posición de vulnerabilidad ante tensiones cambiarias. cronista

El modelo del ancla pre-electoral y su historia conocida

Argentina tiene una historia larga y dolorosa con los modelos que usan el tipo de cambio como ancla inflacionaria en períodos electorales. La lógica siempre es la misma: se sacrifica la acumulación de reservas para tener dólar barato antes de las elecciones. El dólar barato modera la inflación, mejora la imagen del gobierno, y permite ganar votos. Después de las elecciones, el costo acumulado se cobra de distintas maneras: ajuste cambiario, inflación de rebote, crisis de reservas.

La convertibilidad de los años noventa fue el ejemplo más extremo de esa lógica. El kirchnerismo también incurrió en sus propias versiones de atraso cambiario pre-electoral. El macrismo hizo lo mismo hasta que en 2018 el mercado cortó la cuerda. Cada vez que se ancla el dólar para ganar elecciones, alguien paga la cuenta después. Ese alguien, invariablemente, es el trabajador, el jubilado y el pequeño comerciante — los sectores que menos pueden cubrirse de un ajuste cambiario.

El consumo privado está planchado y la inversión retrocedió 6% entre julio y septiembre. El dólar puede estar quieto, pero la economía real no está creciendo. Y cuando la economía no crece pero la deuda vence, la aritmética se complica. letrap

Lo que Redrado cree y lo que el mercado descuenta

El ex presidente del Banco Central dejó en claro su posición sobre el escenario más extremo: «A mí no me cabe duda de que este gobierno va a cumplir con las deudas en cualquier escenario.»

Es una afirmación que merece leerse con atención. Redrado no dice que el modelo está bien. Dice que el gobierno pagará. Esas dos cosas no son lo mismo. Un gobierno puede pagar sus deudas financieras al costo de recortar más el gasto social, subir tarifas, depreciar el tipo de cambio o tomar nueva deuda. El cumplimiento de los compromisos con los acreedores internacionales no garantiza que los trabajadores, los jubilados o los usuarios de servicios públicos no paguen un precio.

Ante la posibilidad de tensión cambiaria mayor, Redrado fue tajante: «Si hay tensión cambiaria, el Gobierno debe ir y poner los dólares sobre la mesa, compre y venda bonos y aquel que le esté jugando en contra vea que el tipo de cambio no solo puede subir, sino que puede bajar.» Y agregó la advertencia inversa: «Si los ven con pocos dólares al Tesoro y al Banco Central, sin duda el mercado te va a pulsear.» cronista

Ese «si los ven con pocos dólares» es exactamente el escenario que la caída de las compras del BCRA — de 103 a 13 millones diarios en tres meses — está comenzando a instalar en la percepción del mercado. No es una crisis. Todavía. Es la señal de alerta que los que manejan capital financiero ya están leyendo.

La pregunta que las elecciones de octubre no responden

El 26 de octubre los argentinos van a votar en las elecciones legislativas. El gobierno llegará a esa fecha con un tipo de cambio relativamente estable, una inflación mensual que ha bajado respecto a los picos de 2024 y una narrativa de orden macroeconómico que sus candidatos repetirán en cada spot.

Lo que no va a estar en los spots es la curva de compras del Banco Central. No va a estar el riesgo país en 636 puntos. No va a estar la pregunta de si hay dólares suficientes para el programa financiero de 2027. No va a estar la advertencia de Redrado sobre el sobreuso del tipo de cambio como ancla.

Esas preguntas esperan del otro lado del resultado electoral. Y la historia argentina enseña que cuando el mercado empieza a hacerse esas preguntas antes de las elecciones, las respuestas suelen llegar — con toda su contundencia — después.

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