El diputado nacional Guillermo Michel expone con números el mayor contrasentido de la política energética argentina: un boom histórico de exportaciones, 22 contratos eólicos firmados y 6.300 megas de generación comprometidos que no pueden moverse porque no hay red de transporte. Y mientras el cuello de botella ahoga el potencial patagónico, el gobierno privatizó Transener sin exigir un metro de línea nueva.
Hay una frase que resume el problema mejor que cualquier gráfico. La dijo el diputado nacional Guillermo Michel en una entrevista reciente: «Chubut tiene 22 parques eólicos que generan 1.300 megavatios. Pero en un pico de generación, la energía llega hasta Puerto Madryn y no puede ir más lejos. ¿Por qué? Porque no hay red.»
Una provincia patagónica con viento de sobra, turbinas instaladas, contratos firmados en dólares y generación eléctrica disponible. Y la energía que produce no puede llegar a los hogares, a las industrias ni a las ciudades que la necesitan. No porque falte generación. Porque faltan cables.
Esa imagen sintetiza la paradoja central de la política energética argentina en 2026.
El boom que el kirchnerismo construyó
Para entender dónde estamos, hay que entender de dónde venimos. Michel pone la cronología con precisión: «En 2025 Argentina tuvo 7.000 millones de dólares de superávit energético. Pasamos de menos 10.000 millones de dólares de importación de energía a más 7.500 millones de exportación. En lo que va de 2026, ya acumulamos más de 8.000 millones de dólares.»
Esa transformación no ocurrió de un día para el otro ni por arte del mercado. Tiene nombre y apellido: Vaca Muerta, que comenzó a desarrollarse con inversión pública y privada en condiciones de política de Estado; y la línea de transmisión de 500 kilovoltios, 5.000 kilómetros de tendido eléctrico que entre 2004 y 2011, durante un gobierno peronista, conectó 12 provincias argentinas. Una obra de infraestructura que hoy sostiene el sistema eléctrico nacional.
Sin esa línea, la energía eólica patagónica no tendría por dónde viajar. Con esa línea, llegó hasta Puerto Madryn. Y ahí se quedó.
Lo que Macri hizo con 45.000 millones de dólares
Aquí aparece el dato más devastador del diagnóstico que hace Michel. Entre 2016 y 2019, el gobierno de Mauricio Macri tomó 45.000 millones de dólares de deuda con el Fondo Monetario Internacional. Esa deuda tenía, en el relato oficial, un destino: infraestructura y ordenamiento macroeconómico.
¿Cuántos kilómetros de red eléctrica de alta tensión se construyeron en esos cuatro años? Seis. Seis kilómetros. Con 45.000 millones de dólares de deuda. El contraste con los 5.000 kilómetros construidos entre 2004 y 2011 no necesita adjetivos.
El resultado de ese abandono se siente hoy. Argentina tiene 22 contratos de generación eólica firmados, 6.300 megavatios comprometidos en contratos en dólares —los llamados PPA, Power Purchase Agreements— y no tiene la infraestructura de transporte para que esa energía llegue a destino. Chubut tiene 16 proyectos eólicos pendientes de aprobación que no avanzan porque la red no tiene capacidad de absorber lo que generarían.
«Tenés asegurados esos contratos en dólares y no pusiste la plata para la infraestructura», resume Michel. «Con lo cual tenés un montón de potencial para seguir generando energía, lo que te falta es el transporte.»
Transener: vender la frutilla sin pensar en el postre
En mayo de 2026, el gobierno de Javier Milei finalizó la venta de la participación estatal en Citelec —la sociedad que controla el 52,65% de Transener— al consorcio integrado por Edison Transmisión y Genneia por 356 millones de dólares. Transener opera más de 12.600 kilómetros de líneas de alta tensión y registra utilidades anuales que superan los 200 millones de dólares. Una empresa que genera más de 200 millones por año se vendió por 356 millones.
Michel lo describe con una imagen precisa: no es una privatización completa, porque lo que el Estado vendió fue el 50% que ENARSA tenía en Citelec. «No es privatizar y transferir activos y pasivos. Es vender la frutilla de la torta», dice. Y agrega la pregunta que nadie en el gobierno respondió: «¿Por qué nadie pensó en revisar el proceso de concesión y plantear cómo vamos a generar la infraestructura para transportar la energía eólica?»
La lógica libertaria es simple: vender, desregular y esperar que el mercado invierta. El problema es que el mercado, históricamente, no invierte en infraestructura de transporte que requiere horizontes de 20 a 30 años y retornos bajos en el corto plazo. Eso lo hace el Estado. O no lo hace nadie.
Los parques eólicos y la pregunta sin respuesta
En el Senado se discutirá próximamente una ley para extender los beneficios fiscales a los parques eólicos. El Estado resignará ingresos tributarios para favorecer ese sector. Michel plantea la pregunta obvia: «¿Por qué el gobierno no dijo: este gasto tributario, ¿por qué no lo aplicamos a generar transporte y transportamos esta energía?»
Dicho de otro modo: si el Estado va a subsidiar al sector eólico con beneficios fiscales, la contrapartida razonable sería exigir inversión en la red que permita transportar lo que esos parques generan. Esa condicionalidad no existe. Los beneficios se extienden, el cuello de botella persiste.
La discusión interna del peronismo
Hay una tensión que Michel no esquiva. Dentro del propio peronismo existe un sector que sigue pensando la política energética en términos de tarifas y precios relativos — cuánto le cobra el Estado a los usuarios, cuánto subsidia el consumo residencial. Y hay otro sector, del que Michel forma parte, que plantea que el eje de la discusión debe ser la inversión en infraestructura, la competitividad industrial y la generación de energía barata para producir.
«¿Cómo se salda esa discusión?», le preguntan. «En una interna, votando», responde. No esquiva el debate, lo emplaza: el peronismo debe resolver hacia adónde va su política energética a través de la democracia interna, no de la imposición de una línea sobre otra.
Lo que sí está claro para Michel es el diagnóstico: «¿Cuáles son las obras de infraestructura para llevar energía barata, no solo como subsidio residencial, sino para darle energía a precio razonable a la industria y hacer más competitiva la producción? Es el Reversal del Norte, es el tramo La Carlota-Primet, es el gasoducto. Pero es también generar otra red de transporte de energía.»
El mapa de lo que falta
El sistema eléctrico argentino necesita, según estimaciones del sector, al menos 15.000 kilómetros de red adicional de alta tensión para absorber la capacidad de generación instalada y proyectada. Tiene hoy una fracción de eso. La línea construida entre 2004 y 2011 fue un paso enorme. El período 2016-2019 fue un retroceso histórico. Y el modelo actual privatiza lo existente sin comprometerse a construir lo que falta.
Mientras eso no cambie, Chubut seguirá teniendo viento de sobra y cables que no alcanzan. Argentina seguirá firmando contratos de generación que no puede transportar. Y la pregunta de cómo llega la energía de la Patagonia al país real seguirá siendo la más importante que nadie en el gobierno quiere responder.






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