Mientras repite discursos sobre esfuerzo individual, mérito y libertad económica, José Luis Espert vuelve a quedar bajo la lupa judicial por una trama que expone otra realidad: la de quienes acumulan privilegios utilizando a los sectores más vulnerables como engranajes descartables de sus negocios.
La investigación que avanza en la justicia de San Isidro busca determinar cómo miles de dólares en efectivo fueron ingresados al circuito formal mediante transferencias realizadas por sociedades y personas de bajos recursos. Según la causa, ya se encuentran acreditados movimientos por 225 millones de pesos vinculados al exdiputado libertario.
No se trata solamente de una causa judicial. El caso vuelve a mostrar una lógica que se repite demasiado seguido en la Argentina: los poderosos hablan de mercado, eficiencia y sacrificio, pero cuando aparecen las maniobras oscuras, quienes terminan figurando en los papeles son trabajadores, jubilados, desocupados o pequeños contribuyentes que jamás participaron de las decisiones que realmente movieron el dinero.
La pregunta de fondo no es únicamente qué ocurrió con esos fondos. La pregunta es por qué, una vez más, los sectores humildes aparecen ocupando el lugar de escudo de quienes construyen su carrera política hablando justamente de combatir los privilegios.
Porque detrás de cada transferencia hay una realidad social concreta. Y detrás de cada discurso sobre la libertad económica también debería existir una responsabilidad que, hasta ahora, Espert sigue sin poder explicar ante la sociedad.









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