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Milei vació el Día de la Industria y hasta la UIA se plantó contra el modelo

En plena crisis fabril, el Gobierno le dio la espalda al acto de la Unión Industrial: Milei no fue, bajó a Santilli a último momento y dejó como única cara oficial a un funcionario de segunda línea. Entre las sillas vacías, la central que nunca fue kirchnerista terminó cuestionando de lleno la desindustrialización.

La industria argentina cumplió años y el Gobierno le hizo el peor regalo: la ausencia. En el acto por el Día de la Industria, la Unión Industrial Argentina (UIA) se encontró con un escenario de sillas vacías. Javier Milei no fue, Luis Caputo tampoco —estaba en Estados Unidos— y el jefe de Gabinete, Diego Santilli, que figuraba en el programa, recibió a último momento la orden de no aparecer. La única representación del Ejecutivo fue la del secretario Pablo Lavigne, un funcionario de tercera línea. El mensaje, para una entidad que reunió a más de 200 empresarios en la planta del laboratorio Elea Phoenix, en Malvinas Argentinas, fue imposible de no leer: desprecio.

Y el desprecio tuvo respuesta. Por primera vez en mucho tiempo, la central fabril —que nunca militó para el peronismo— le puso el cuerpo a la crítica. El más filoso fue el vicepresidente de la UIA, Guillermo Moretti, que horas antes del acto había disparado por radio una frase que quedó para la historia: «Estamos manejados por un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno», en clara alusión a Caputo.

El torno contra la timba

Moretti no se guardó nada. «Esta gente no conoce el país, no sabe lo que es una fábrica», lanzó sobre el equipo económico. Y sobre el ministro estrella del ajuste redobló: recordó que las finanzas personales de Caputo aumentaron un 37% en dólares en un año mientras al país lo endeudaba, y preguntó, con ironía, por qué no usa para la Argentina lo mismo que usa para su propio bolsillo. El diagnóstico fue lapidario: «Todo lo que se está haciendo es una política de desindustrialización».

La imagen sintetiza el modelo mejor que cualquier discurso: un ministro que sabe de bonos y de dólares, pero no de tornos ni de galpones. La economía real —la que emplea, la que produce, la que sostiene pueblos enteros— quedó del lado de las sillas vacías.

Los números que el relato oficial esconde

Detrás de la bronca hay datos que duelen. El presidente de la UIA, Martín Rapallini, admitió que la producción industrial está un 10% por debajo de los niveles de 2022, con caídas que en algunos sectores trepan al 30%. Desde agosto de 2023, la industria perdió alrededor de 90.000 puestos de trabajo registrados. Fábricas que cierran, importaciones que entran sin freno, presión impositiva y costos que asfixian: esa es la «película» que el oficialismo prefiere no proyectar.

Rapallini pidió «un puente» hacia una economía competitiva y reclamó dejar atrás «las descalificaciones y las agresiones hacia quienes producen». Presentó siete puntos de reclamo —crédito, competitividad, competencia desleal, energía, morosidad, infraestructura y modernización laboral— y hasta pidió una reunión con Caputo que, por ahora, no tuvo respuesta.

Internas y destrato

El cierre tuvo, además, un condimento político. Antes de bajar a Santilli, la Casa Rosada dejó en claro que el problema no era la agenda, sino el enojo por las críticas. Puertas adentro de la propia UIA, Rapallini salió a despegarse de los dichos de su vice con una carta a la prensa, señal de que el vínculo con el poder todavía tironea a la cúpula fabril. Y el acto quedó atravesado por otra polémica: la no invitación del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, en cuyo territorio se realizaba el encuentro.

El saldo es elocuente. En el día que debería celebrar a los que producen, la industria terminó denunciando que el Gobierno la abandonó a su suerte. Cuando hasta los empresarios que aplaudieron el ajuste empiezan a hablar de «desindustrialización», el problema ya no es ideológico: es la fábrica que cierra, el torno que se apaga y el laburante que se queda afuera.

Créditos de la foto: Página 12.

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