Milei todavía no subió al avión y en París ya le tienen preparada la bienvenida. A menos de un mes de su llegada, prevista para el 30 de septiembre en el marco de la llamada Argentina Week, medio centenar de dirigentes políticos, intelectuales y artistas impulsó una petición que le pide al Consejo de la capital francesa que lo declare persona non grata. El texto, publicado en Change.org, corría rápido: hacia el mediodía argentino ya sumaba unas 150 adhesiones y para la tarde del martes superaba las 250.
El planteo es directo y golpea donde más le duele al relato oficial. Tras casi tres años de gestión, la petición sostiene que la «austeridad radical» del Presidente «pesa gravemente sobre la sociedad argentina». No es una consigna suelta: el documento enumera el desmantelamiento de los servicios públicos, las vulneraciones de los derechos de las mujeres y la represión policial como marcas registradas de una gestión que ahora sale a mostrarse en Europa mientras adentro cierra fábricas, pulveriza jubilaciones y decreta salarios mínimos por debajo de la línea de indigencia.
Pero el corazón del reclamo toca una fibra que la comunidad argentina en el exterior no está dispuesta a negociar: la memoria. Los firmantes acusan a Milei de «relativizar» los crímenes de la última dictadura militar, en línea con su reiterado cuestionamiento a la cifra de 30.000 desaparecidos. Uno de los primeros en firmar, el edil y diputado Rodrigo Arenas, fue categórico: París «no puede ser la ciudad donde se tolere el negacionismo», el revisionismo y la invisibilización de esos crímenes.
Quiénes le ponen la firma
La lista de los primeros cincuenta adherentes explica por qué el pedido incomoda tanto a la Casa Rosada. Junto a Arenas aparece la edila socialista de París Geneviève Garrigos, referente histórica de los derechos humanos. Suman su nombre el actor argentino Nahuel Pérez Biscayart, la abogada Sophie Thonon —que representa desde hace décadas a familias de ciudadanos franceses desaparecidos durante la dictadura argentina— y los cineastas Santiago Amigorena y Alberto Marquardt. No se trata de un puñado de anónimos: es buena parte de la cultura y la política francesa vinculada a la Argentina la que decidió salir a marcarle la cancha.
Los impulsores no se limitan al gesto simbólico. Le reclaman al alcalde socialista Emmanuel Grégoire que rechace «toda recepción oficial» y «toda distinción» al mandatario, y que la ciudad reafirme su «solidaridad con las luchas democráticas de la sociedad argentina». En criollo: que París no le regale a Milei la foto institucional que vino a buscar.
La postal que el Gobierno no quiere mostrar
El contraste es elocuente. Mientras la comitiva oficial arma la Argentina Week como escaparate para atraer capitales —e intenta, además, cerrar un nuevo encuentro con Emmanuel Macron—, la sociedad civil europea le recuerda al mundo lo que el modelo esconde puertas adentro. A ese cuadro se suma otro foco de tensión: la situación de la Casa Argentina en la prestigiosa Cité Internationale Universitaire de París, cuyo flamante director, el abogado Santiago Muzio, cargó con cuestionamientos por su cercanía con la eurodiputada de extrema derecha Marion Maréchal, sobrina de Marine Le Pen.
El resultado es una película conocida: un Gobierno que viaja a pedir aplausos afuera y se encuentra con que la memoria, los derechos y la dignidad de los que ajusta también cruzaron el Atlántico. La Argentina Week soñada como vidriera empieza, antes de arrancar, con un repudio que crece firma por firma.
Créditos de la foto: Página 12.

















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