El CECIM La Plata calificó los anuncios como un «manotazo de ahogado» y una «cortina de humo» para tapar «la entrega» y el ajuste. Le recordaron su admiración por Thatcher, el paseo de Boris Johnson por la Rosada y el brindis en un submarino yanqui. Y ya llevaron a las petroleras a la Justicia.
La foto de estadista soberano le duró poco. Apenas terminó la cadena nacional, los que de verdad pusieron el cuerpo en Malvinas salieron a desautorizar a Javier Milei con una dureza que ningún tuit británico logró igualar. El Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM) La Plata, una de las voces más respetadas de los veteranos, no anduvo con vueltas: habló del «más alto nivel de hipocresía» y describió los anuncios como un «manotazo de ahogado».
En un comunicado difundido tras el mensaje presidencial, la organización sostuvo que el gesto responde al «declive» del Gobierno «tanto en gestión como en imagen», y acusó al oficialismo de usar Malvinas como «el salvavidas que esconda sus miserias» de «corrupción» y «entrega». La comparación fue lapidaria: los veteranos equipararon la maniobra con las peores prácticas de la dictadura, aquella que mandó pibes a la guerra para tapar su propia crisis.
La hoja de antecedentes que le pusieron sobre la mesa
El CECIM no se quedó en la declaración de principios: le recordó a Milei, uno por uno, sus propios gestos. Que hizo culto de su admiración por Margaret Thatcher, la premier que ordenó hundir el Crucero General Belgrano. Que paseó a Boris Johnson por el balcón de la Casa Rosada. Que fue a rendirle «pleitesía» a la entonces jefa del Comando Sur de Estados Unidos, Laura Richardson. Y que, a comienzos de 2026, brindó en un submarino norteamericano junto a su hermana y parte de su Gabinete.
El punteo funciona como boomerang: es difícil presentarse como abanderado de la soberanía con semejante prontuario de alineamiento con las potencias que ocupan las Islas. Para los excombatientes, no hay conversión creíble: hay oportunismo.
No es solo repudio: ya fueron a la Justicia
La diferencia entre el CECIM y el Gobierno es que los veteranos no esperaron una cadena nacional para actuar. La organización, junto a la Asociación de Abogados y Abogadas Ambientalistas, presentó una denuncia ante la Justicia Federal de Río Grande contra las petroleras Navitas y Rockhopper —las mismas que impulsan el proyecto Sea Lion— por «daño ambiental y daño soberano». «Ese petróleo es nuestro, es petróleo argentino», resumieron.
Desde el organismo fueron durísimos con la estrategia oficial. Calificaron la expectativa por los anuncios como «nula», los definieron como una «cortina de humo» y denunciaron un «plan sistemático de entrega de la soberanía». «No necesitamos grandes anuncios: necesitamos medidas concretas y políticas de Estado», plantearon, y reclamaron sostener la causa «más allá de las coyunturas» electorales.
Una bronca que se multiplicó
El malestar no fue exclusivo del CECIM. El excombatiente, periodista y escritor Edgardo Esteban también habló de un «manotazo de ahogado» y recordó que Milei «reivindicaba a Thatcher» y llegó a hablar de la «autodeterminación» de los isleños: «Se dio cuenta tarde», sintetizó, y marcó que el Gobierno se había peleado con Lula, uno de los principales aliados de la causa. El diputado y veterano Aldo Leiva fue igual de crudo sobre la apuesta a Washington: «¿Ustedes realmente creen que Estados Unidos nos va a ayudar? Yo no». Otras voces, como la del veterano Raúl Calderón, advirtieron que «se está militarizando la zona» y que el Presidente «dio una cadena nacional con algo que ya estaba hecho».
Para ser justos, la reacción de los veteranos no fue unánime: algunos analistas del sector, como Guillermo Lafferriere, valoraron los anuncios en clave geopolítica de «guerra fría 2.0» entre Estados Unidos y China. Aun así, admitió lo que el relato oficial calla: que el eventual respaldo estadounidense responde a intereses propios, no a la justicia del reclamo argentino.
El saldo es contundente. Cuando los que sobrevivieron al frío y al fuego de las Islas dicen «hipocresía», la palabra pesa distinto. Malvinas es una herida abierta y una causa de todos, y por eso mismo no se honra con un show para las encuestas: se honra con políticas de Estado, con memoria y con hechos. Lo demás, dicen los que estuvieron ahí, es un manotazo de ahogado.
Créditos de la foto: Página 12.










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